jueves, 16 de octubre de 2008

Me quedo con A, hasta que B (mi príncipe azul) me rescate

Cada día estoy más convencida de que el éxito en el amor depende únicamente del equilibrio. Y no me refiero al equilibro kármico, que no digo yo que también sea sumamente importante. Me refiero al equilibro entre lo que das y lo que recibes, entre lo que obtienes y lo que dejas de obtener, entre lo que esperas y lo que estás dispuesto a sacrificar.

Y todo depende de eso. Y no hay más.

Y si la balanza está súper descompensada, ¿qué pasa? Pues que se acabó. Ya puedes hacer lo que sea, ya puedes arrodillarte, suplicar, lo que sea... que no hay nada que hacer. El problema es que muchas veces, el "descompensado" no se da cuenta de que está "descompensado" hasta que ya es demasiado tarde... Ya sabes, eso que comúnmente se suele decir de que el amor es ciego. Pues no es que sea ciego, es que está "descompensado".

Si te enamoras locamente de alguien, y la cosa va súper descompensada, probablemente tardes bastante tiempo en ser consciente de ello. El problema de esta ceguera, es que al final recuperas la vista, y el batacazo es tan sumamente doloroso, que ya no hay arreglo posible. Ninguno. Entonces coges la maleta y te vas. Aquí entra eso de "eres un egoísta", "sólo piensas en ti", etc.

Hay otras circunstancias que se pueden dar... Se te puede caer la venda, pero puede ser que no tengas cogones para afrontarlo. Aquí entra el pensamiento de... "bueno, mejor malo conocido que bueno por conocer", o "hasta que encuentre a otro/a, aquí me quedo, que se está muy calentito"... y demás autoconvencimientos absurdos.

Creo que ésta es la más común de las situaciones. A todos nos ha pasado alguna vez, por muy triste que sea, y por muy triste que nos parezca reconocerlo. Aunque creo que hombres y mujeres lo hacemos por motivaciones diferentes, aunque puede que me equivoque, como no.

Los hombres porque no saben estar solos. Eso es algo mundialmente conocido y aceptado, así que no voy a descubrir nada. Él está con A, a sabiendas de que lo que tenía entre él y A está más que acabado, hasta que encuentran a B. Y sólo hasta que está muy convencido de que B es lo que quiere, dejará a A. Típica técnica de no dejo lo que tengo hasta que tengo algo mejor. Aunque bueno, por muchas colchones que nos pongamos debajo, esta técnica no siempre garantiza el éxito.

Las mujeres, en cambio, suelen tener más cojones en estas cosas. Si no están a gusto con A, normalmente le dan la patada sin contemplaciones. Aunque siempre hay excepciones, como en todo. Se puede dar el caso de una mujer que viva con A, y que piensa que la vida será mucho más triste sin A. Y no por A en sí. Eso no suele tener mucha importancia. Más bien por lo que dirá la gente, porque "ya soy mayor y qué voy a hacer sola por el mundo", porque A tiene muchos dineritos y me gusta ir a cenar a La Treinera aunque no le dirija la palabra a mi acompañante en toda la noche... y similares justificaciones del qué dirán.

Por eso más vale mantener el equilibrio en la balanza antes de que sea demasiado tarde. Porque al fin y al cabo, por mucho amor que haya en una paraja, las cosas terminan quemándonos...

1 comentario:

  1. Tienes toda la razón. Estoy viviendo eso en este preciso momento. Gracias por escribir esto y le daré seguimiento a tu blog. cuidate mucho.

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