"¿Crees que la física cuántica es la respuesta? Porque... no sé, en el fondo, ¿de qué me sirve a mí que el tiempo y el espacio sean exactamente lo mismo? En fin, si le pregunto a un tío qué hora es y me dice "6 kilómetros", ¿qué coño es eso?"
Woody Allen (Todo lo demás, 2003)
Desde hace unas semanas mi hermana y yo, cual especímenes extraños de alguna especie en extinción extraña, seguimos a rajatabla un ritual, nuestro ritual, que consiste en ir todos, y cada uno de los miércoles del año, al cine. Nieve, truene, relampaguee o haga las tres cosas al unísono... (y a la vez).
Lo de ir los miércoles nada tiene que ver con ahorrarnos unos cuantos céntimos por ser el día del espectador. Más bien ha sido un acto inconscientemente consciente de evitar a toda la Tercera Edad de Madrid. Y no es que tengamos nada en contra de ella, es más bien una cuestión de supervivencia. Antes íbamos los martes, pero ver “Distrito 9” rodeadas de viejecitas encantadoras tapándose los ojos mientras unos descerebrados “abortaban” los fetos de alienígenas con sonido a palomitas en explosión, nos dejó marcadas para siempre. Estoy casi segura de que no tengo días suficientes de vida para que ningún psiquiatra pueda “curarme” de tamaña impresión.
Así que volviendo de China el lunes, y volviendo a nuestra tradición el miércoles pasado, fuimos al cine… Yo convencida de que iríamos a ver “Si la cosa funciona”, y mi hermana, que ya la había visto sin mi (bruja!!!), convencida de que veríamos “La Cruda Realidad”. Película que parece haber salido de cualquier otra comedia americana cambiando nombres, lugares y motivaciones. Aunque tengo que admitir, no sin antes taparme la cara de vergüenza, que no me disgustó del todo. Y que hasta me reí. (Cosa que negaré hasta la muerte…).
Así que hice doblete semanal. Miércoles de comedia americana… Y sábado de Woody Allen, ya que difícilmente lo podría clasificar de comedia americana. Americana es, y reírte te ríes… pero como dijo el mismo Woody, “menos mal que existen los franceses”...
Aunque los “expertos” seguramente podrían poner mil peros, personalmente no deja de apasionarme esa visión amarga de la vida. Ese humor ácido que tiñe nuestro negro destino… Esa forma de calificar de gusanos al resto de la humanidad que no ha tenido el increíble honor de entrar en su triste y selecto círculo de amistades. Porque lo de Woody Allen no son amigos, son amistades. Amistades e incongruencias.
Hasta la muerte, la suya o la mía, me declaro fan acérrima de Allen…