.
Hace unos cuantos días me preguntaron cuándo había sido el rodaje de la película en la que trabajé. Y como yo no tengo memoria ninguna, dije que tres años, que son los años que tiene mi coche. Parece una estupidez, pero es un razonamiento muy lógico porque compré mi coche apenas unos días pasado el ecuador de este. Parece una locura digna alguien tan insustancial como yo, pero en este caso fue pura necesidad. Mi querido, viejo, de tercera o cuarta mano y heredado coche de la tía de mi ex, fue atropellado (si, atropellado) por un vecino ebrio.
Y os preguntaréis a qué viene esto. Pues bien, hoy he llevado a mi pequeña bola (coche) al taller para hacer la revisión de los 60.000 km. Y la inepta que me ha atendido (y digo inepta sin ánimo de faltar) me ha pedido la ficha de inspección técnica para ver qué filtro de aire necesitaba mi pequeña bola. (Digo yo que ahora entenderéis lo de inepta). Después de esperar más o menos una hora en un cafetería, y dada mi desesperación y aburrimiento, me he puesto a leer la ficha verde del coche. Y es cuándo me he dado cuénta de que mi coche no tiene tres años, tiene cuatro.
Y es en ese momento cuando me he sentido como mi madre debe sentirse cuando descubre que su hija mayor tiene 32 años, y no 30 cómo ella creía (qué conste que yo no soy su hija mayor). Los hijos nos hacen envejecer, nos hacen sentir el paso del tiempo mucho más que nuestras propias arrugas. Y yo, a falta de hijos, tengo una pequeña bola que me lo recuerda y me cabrea, porque no sólo sé que un año más, encima tengo que pagar por ello!!!!
.
No hay comentarios:
Publicar un comentario