Cada día que pasa me convenzo más de que los seres humanos vamos en una dirección errónea. Y no algo errónea, sino muuuuy errónea. Y tampoco me refiero a los seres humanos como especie mamífera cuya inteligencia, como se diría en el ejército, se presupone. Sino a cada uno de sus insignificantes miembros, con nombres, y de vez en cuando, apellidos.
Estamos tan preocupados por infinidad de pequeñas cosas que no somos capaces de discriminar las cosas realmente importantes de las que no lo son en absoluto. Y cuando ya somos capaces de hacer esa diferenciación o ya es demasiado tarde. O no lo es, pero ya no somos capaces de cambiar nuestra rutina “mental”. O simplemente no queremos, porque ya hemos perdido el norte por completo.
La semana pasada hablaba precisamente de esto con un hombre sabio, mayor, y que acaba de perder a su mujer por culpa de una enfermedad. Y él me decía, ni más ni menos, que lo mismo que yo acabo de decir. Que la gente tiene tanto miedo, que lo único que es capaz de hacer es preocuparse, preocuparse y preocuparse. La crisis, la hipoteca, el paro… y un sinfín de otros asuntos. Y si no los hay, pues nos los inventamos. Y lo peor de ello es que ninguno de ellos es plenamente consciente de ello. De su nivel “inhumano” de preocupación. Todos ellos te dirán; “No, yo no estoy preocupado, no tengo miedo, ya sé que lo importante es el amor y no el dinero, yo vivo día a día, bla, bla, bla.”
La cosa es no dejar a nuestras cabecitas pensar más de lo necesario. ¿Y cómo conseguimos que un ser pensante deje de pensar? Pues muy sencillo. Llenando su disco duro de cosas sin la más mínina importancia, pero que nos llenan las 24 horas del día de preocupaciones, ansiedades, miedos, insomnios, etc, etc, etc.
Y yo me pregunto… qué es lo que quiero… AHORA???
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