Ayer, domingo de resurrección, pasé el día con parte de la mía famiglia en el gran zoológico de Madrid. Y digo gran zoológico de Madrid, por ser uno de los mejores y más grandes de Europa. La verdad es que nunca he sido una fanática de dichos parques de "atracciones", no como mi hermana, que podría dar la vuelta al mundo de zoo en zoo.
Pero hubo algo que me sorprendió sobremanera. Cierto es que hace muchos años que no visito este lugar, y debía medir, como mínimo, 40 cm menos de los 160 actuales. Con lo que lo debí ver todo desde otra perspectiva... Pero no imaginaba que mi recuerdo sería tan "errado".
La gran sorpresa llegó una hora más o menos después de nuestro aterrizaje. Cuando, según pasaba el tiempo y caminábamos y caminábamos , empecé a darme cuenta de que la mayoría de la gente que nos rodeaba eran extranjeros. Había alemanes, ingleses, italianos... con niños, en parejitas, sólos. Vamos, cualquier posibilidad habida y por haber...
Ya he dicho, y ratifico, que no soy demasiado fan de estos parques. Con lo que no es de extrañar que nunca me haya planteado visitar un zoo estando de vacaciones en otro país... No sé, supongo que tengo otras prioridades... Aunque claro está, hay, y tiene que haber, de todo... Estando en Nueva York mi hermana no dejaba de repetir: "cuando vamos al zoo de Central Park?". Y yo, mientras tanto, buscando el famoso New York Sex Museum...
Aún así, tengo que confesar que fue un día muy divertido, y menos mal que lo fue, después de desembolsar 150 euros... Un día rodeados de animales, extranjeros ávidos de conocimiento, y borregos nacionales. Algo que sentí en el alma, pero así somos los españoles. Ahí donde había un español, había alguien gritando, dejando la basura en el suelo, tirando cáscaras de pipas, dando de comer a los pobres animales atónitos ante tanta estupidez... En fin, haciendo todo lo que prohibe el parque.
Está claro que ni rodeados del ambiente hipilón y ecológico del zoo, es posible camibar al españolito de a pie...
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