"El sentido común se una colección de prejuicios adquiridos a los dieciocho años".
Albert Einstein
lunes, 31 de agosto de 2009
Ya sé por qué no tengo sentido común...
jueves, 27 de agosto de 2009
Cualquier psicoanalista ganaría el gordo si decidiera poner mis pies en su consulta…
"La imaginación consuela a los hombres de lo que no pueden ser. El humor los consuela de lo que son"Hay muy pocas cosas que podría decir de Wiston Churchill, aparte de que fue un estadista, historiador, escritor y orador británico. Y que ganó el premio Nobel en el 53. Tampoco sería sincera sino dijera que lo poco que sé de este hombre tan brillante lo acabo de leer en la Wikipedia.
Winston Churchill
Después de tamaña confesión sobre mi ignorancia, diré que hay pocas “citas” tan inteligentes y que describan tan acertadamente la naturaleza humana como esta. La naturaleza, y la “cruz” de todos los hombres. La imaginación nos consuela de lo que no podemos ser. Aunque personalmente no sé si eso es un consuelo o un cruel castigo, merecedor de las más profundas carcajadas de los que estén al mando en esto del devenir de la especie humana…
Ser consciente de lo que no puedes llegar a ser, o tener, ya es suficiente castigo. Pero tener un arma como la imaginación, con la que nos podemos “recrear” en mundos de fantasía donde nada es lo que parece, y lo que parece, no existe, es una cruz…, un castigo, y una buena manera para desconectar de nuestra realidad y caer en un abismo de autocompasión y locura.
Y lo digo con conocimiento de causa. Mi mundo “paralelo” de fantasías de “lo que no es” es tan amplio y profundo que cualquier psicoanalista ganaría el gordo si decidiera poner mis pies en su consulta…
Es bueno, si controlas ese mundo y no “entras” demasiado a menudo. En pequeñas dosis, como todo, es incluso saludable. Pero caer en picado en las profundidades del la imaginación imaginada, no creo que nos pueda traer nada bueno. Ni a una profesional como yo…
Imaginar un amor, una pasión, un lugar lejano, una vida diferente en un mundo diferente… No nos lleva más que a pasar un buen rato, pero un rato “finito”, al fin y al cabo, y con una caída asegurada y sin red a la cruda realidad.
Hay personas increíblemente aficionadas a estos viajes sin destino físico aparente, que logran controlar su actividad “imaginativa” y no caen en una locura sin retorno, y con un único destino, el psiquiátrico más cercano. Y no son ni más ni menos que los novelistas, aquellas personas que logran llenar nuestros silencios con mundos que, a fin de cuentas, nos llevan a ese “lo que no es”. De esta forma ellos evitan terminar como cabras en un centro de salud mental, y nosotros no tenemos que hacer demasiados esfuerzos poniendo en marcha nuestra maquinaria “imaginativa”.
Nuestro amigo Winston no solo habla de la verdad aplastante de la imaginación enfermiza. Eso de que el humor nos consuela de lo que somos, todavía me aplasta más. Creo que estoy en posición de afirmar que soy de las pocas personas, por supuesto afortunadas, que son capaces de reírse de cualquier cosa, no sólo de lo que soy. Pero también, y sobre todo, de lo que son.
Reírte de ti mismo te da una perspectiva del mundo tan diferente y refrescante que no logro comprender cómo hay gente que no se “descojona” de ellos mismos con una frecuencia, como mínimo, diaria. Debería ser algo que nos pudiera recetar el doctor, “Reírte de ti mismo. Una dosis cada 8 horas”. Nos haría la vida más fácil a casi todos los mortales.
Al igual que uno se consuela de lo que no es con la imaginación, debe consolarse de lo que es, de lo que será, de lo que quiere ser, de lo que no quieres ser bajo ningún concepto, de lo que no puede dejar de evitar ser, de en lo que sabe que se acabará convirtiendo… y todas las demás conjugaciones de este verbo ausente en muchas lenguas, con la risa.
Risa, risa, risa, y más risa, con ciertas dosis de imaginación. La mejor receta para sobrevolar este mundo en el que estamos condenados a vivir, a sobrevivir, sin sendero ni el más mínimo sentido que nos ilumine el camino…
jueves, 13 de agosto de 2009
¿Los chicos son más simples que el mecanismo de una peonza?
Es triste, porque Pedalier ha arrojado luz a mi ignorancia en el tema del " comportamiento masculino", y yo no podré ayudarle nada en su pregunta final, ¿Qué clase de gestos ha de observar un hombre en una mujer para comprobar que le hace tilín?
Sólo puedo hacer alguna reflexión. Como dice Pedalier, los chicos son más simples que el mecanismo de una peonza. Hasta aquí todos estamos de acuerdo. Pero las mujeres, aunque creáis que somos más complicadas que un transbordador de la Nasa, también somos simples cual amebas. Simplemente nos hacemos las interesantes...
¿Si un hombre nos gusta o no...? Creo que la respuesta es simple. Se nos debe poner cara de corderos degollados, y diremos a todo que sí, aunque no nos enteremos de la misa la media. Creo que seríamos capaces de ponernos la camiseta de cualquier equipo de fútbol, aunque jamás hayamos visto un partido. Siempre que nos quede "mona", claro... No sé, para mi suele ser evidente. Si veo a un chico y a una chica juntos, no necesito demasiadas pistas para saber si ambos se gustan, o si a uno le gusta el otro, o si...
Del post de Pedalier, que considero brillante, sólo discrepo en una cosa. No creo, y nunca lo he hecho, que la mujer siempre tenga la sartén por el mango. Evidentemente, creo que las mujeres somos bastante más valientes (o hijas de puta, según sea el lector hombre o mujer...) en estos temas. Me refiero a que si no nos gusta un tío se lo decimos y punto. No tenemos esa especie de "compasión" que muchas veces tienen los hombres. Y creerme, conozco a unos cuantos que siguen con sus respectivas simplemente por lástima. Menudo favor nos hacen...
Y aunque en algunos casos tengamos la sartén por el mango, y hasta toda la batería de cocina, en muchos otros es el hombre el que la tiene. Y en esos casos, ya podemos bailar al danza del vientre ante sus narices, que no tenemos nada que hacer. Aunque todo esto depende de la cantidad de ropa que llevemos puesta. Cuanto menos ropa vistamos, a los hombres se le agrava su pensamiento "peonza".
Tengo un amigo que dice que si a una mujer le gusta un hombre, siempre lo consigue. Antes o después. Que es una mera cuestión de tiempo... Puede que a veces sea así, pero hombres del mundo, no os engañéis. Las cosas no siempre son tan simples, ni siempre nos resultan tan fáciles a las mujeres...
Supongo que simplemente depende del porcentaje de posibilidades que tengamos de que nos confundan con, por ejemplo..., Angelina Jolie?
De el Blog "La Inconsciencia de la Existencia":
Hay que reconocerlo, los chicos son más simples que el mecanismo de una peonza. Esa es su gran debilidad porque las mujeres saben de sobra cuáles son sus pensamientos.
El hecho que sepan cuáles sus pensamientos primarios no implica que conozcan todas las conversaciones de hombres. Es por ello que en este post se va a explicar, razonadamente, cómo afronta un hombre, ante sus amigos, una cita con una mujer.
Evidentemente, claro que se habla con los amigos de ese asunto. Los habrá que le falte tiempo para llamar a los colegas para decírselo, también se da el caso de los que esperaran un tiempo prudencial para contarlo (más que nada para aderezar la historia), otros que preferirán convocar una reunión al respecto y por último, están los que lo dicen en petit comitée, casi murmullando.
Sea cual sea el modo en el que el hombre lo comunique, en el resto de amigos va a planear una pregunta que, más pronto que tarde, alguno se va a animar a plantear: En resumidas cuentas, ¿te liaste con ella o no? Aquí, como en el caso anterior, vuelve a haber varias posibilidades de respuestas según los distintos roles que puede adoptar el hombre:
1. El fanfarrón: A este tío se le ve venir. Es más la chica lo tenía que haber visto venir a la legua. Por si no cupiera alguna duda, este es el tipo que en el caso anterior se tomó un tiempo prudencial para aderezar la historia. Aunque la cita haya sido un auténtico fracaso y la chica no haya caído rendido a sus encantos, éste intentará por todos los medios revertir la historia y ponerse como vencedor del combate. Hay que darse cuenta que esta persona tiene una reputación de triunfador entre sus acólitos y un borrón en su listado de conquistas, puede hacerle caer varios peldaños. Así que, donde hubo un beso en la mejilla, él contará que hubo un morreo, donde hubo un acompañamiento a su casa, dirá que subió arriba y cuando ella le dijo que le diera más tiempo para pensárselo, él concluirá que la tiene en el bote.
2. El impulsivo: Quizá por falta de costumbre a la hora de quedar con chicas, o quizás porque las conversaciones con sus amigos son monotemáticas y giran en torno a lo mismo, este tipo de hombre se encuentra con la necesidad imperiosa de, nada más despedirse de la chica, llamar a sus amigos. Para hacernos una idea, es una persona que se queda a medio camino para ser un fanfarrón. Evidentemente este tipo intenta magnificar la cita pero su impulsividad hace que no haya preparado el argumento y que sus amigos le pillen en más de un renuncio. Ahí es dónde se demuestra que el fanfarrón es frío y calculador. Como todos los hombres tienen un código de honor en el que a un tío metido en relaciones sentimentales se le apoya incondicionalmente sin más (nada de consejos), los amigos para no bajarle el ánimo, le dan la razón y se creen toda la sarta de mentiras que le está contando.
3. El Consensuador: A diferencia de los otros dos, esta es una persona que se expone menos. Cuenta la historia sin más pero, bien porque es un mar de dudas o bien porque todas las decisiones las consulta con sus colegas, este hombre tiene la necesidad de reunir a sus amigos. A modo de Consejo de Sabios, recibirá todo tipo de interpretaciones en torno a la cita. Las habrá optimistas, realistas, fanfarronas e impulsivas. Una vez más, por ese código de honor que he explicado antes, todos los amigos culminarán sus exposiciones con la siguiente frase: “Haz lo que tú quieras”. Evidentemente, la sensación que se le queda a este tipo de hombres es como el que tiene tos y se rasca la barriga. Es decir, que tanto reunir a la gente para no haber llegado a un consenso y seguir estando hecho un lío. Pero da igual, seguirá confiando en estos tipos de honor y si volviera a surgir una ocasión similar, volvería a reunir a su vieja guardia.
4. El discreto: O también llamado El silencioso. Viene siendo el que las mata a la chita callando. Esta persona no pregonará la cita a los cuatro vientos, ni la magnificará. Es un tipo de éxito y sabe que su estrategia le dará buenos resultados. Avisará a sus amigos en el momento preciso: cuando se haya producido la conquista. Así conseguirá un doble efecto, dejar obnubilada a su concurrencia por un lado y por el otro, mostrarse como el verdadero líder (aquí es donde al fanfarrón le dan sopa con ondas). Este tipo ni necesita contar mentiras, ni pregonarlo a los 4 vientos, ni pedir consejos. Es un autodidacta, un echao p´alante con ciertas tendencias suicidas porque no ha valorado la posibilidad del fracaso. Juega al todo o nada y siempre gana dado que, si tiene éxito lo contará a sus amigos y si ha fracasado, como no lo ha contado, nadie se dará cuenta. Un tipo listo sin duda.
En todo esto no se ha dicho, pero es evidente, que la mujer tiene la sartén por el mango y por tanto, el éxito o fracaso de una relación depende de su decisión. Son ellas las que deciden cuándo y con quién liarse. Ellos son meras comparsas.
Dicho esto, nos asalta otra duda: ¿Qué clase de gestos ha de observar un hombre en una mujer para comprobar que le hace tilín? Eso lo contaremos en otra historia.
martes, 11 de agosto de 2009
El frio modifica la trayectoria de los peces
"El amor es como un taxi, si no se para y hay que correr tras el, es que ya está ocupado. Para encontrarlo, simplemente hay que saber esperar en el lugar adecuado".
El frio modifica la trayectoria de los peces
jueves, 6 de agosto de 2009
Y así nos van las cosas...
Arthur Schopenhauer
O la versión culta de "el que no llora no mamá"... Yo no sé ni llorar, ni pedir las cosas... y menos con insistencia. Como mucho una vez, y si no me lo dan, pues a otra cosa mariposa.
A estas alturas deberíamos estar más que acostumbrados a las injusticias de la vida... Hay gente que nace con estrella, y otros que nacen estrellados. Y muchas veces, los estrellados, hagan lo que hagan, no consiguen nada de nada. La suerte, la incompetencia, que no piden las cosas con insistencia... Lo podemos llamar como más nos guste, pero al final siempre es lo mismo.
En cierta ocasión, uno de mis primeros jefes me dijo que "había que saber venderse". Que el 90% de la promoción laboral de una persona depende de eso. Mi espíritu rebelde no pasa por ahí. Lo siento, pero no... No pienso "venderme" a nadie, nunca... No he nacido para ser comercial, eso está claro... Al que le guste cómo soy y lo que hago, genial. Al que no le guste, genial también.
Y así nos van las cosas...
martes, 4 de agosto de 2009
Currar o hacer deporte... difícil cuestión
El que hace deporte, y siempre ha hecho deporte, no va a dejar de hacerlo porque haya empezado a trabajar. Entre otras cosas, porque no hay nada mejor para "desestresarse" del curro que hacer deporte. Da igual que sea en el gimnasio, que te subas a una bici, que salgas a correr... o que simplemente practiques el "tumbing" frente a la vuelta ciclista (mientras haces abdominales, claro está). La cosa es en moverse, y no dejar de hacerlo nunca.
El año pasado, durante mi largo viaje a Londres, cierto es que dejé de ir al gimnasio, porque mi gimnasio en aquel momento, el Físico de Majadahona, me pillaba un poco a desmano... Aunque sólo un poco... Me levantaba a las cuatro de la mañana para ir a currar, aunque quizás, si hubiese madrugado algo más, quizás me habría dado tiempo a ir a las primeras clases de la mañana. A eso de las siete y media...
Pero como digo, el trabajo no es excusa. Yo me levantaba a las cuatro, y curraba como una c* durante 11 y 12 horas seguidas... y aún así, y con el leve impedimento del idioma, iba a clases de Yoga. Lo que implicaba que mientras tenía que estirarme cual espiga en el campo, tenía que mirar al mismo tiempo al hombre de turno que estuviese a mi lado, para enterarme de algo. Al final tenía más tortículis que otra cosa... En fin... Lo único que encontré a menos de dos kilómetros de distancia de mi casa... Sin contar que la parada de metro más cercana estaba a dos kilómetros, y los "andaba" de dos a cuatro veces diarias... Así que no se puede decir que hiciera una vida muy sedentaria...
Aunque tampoco se puede decir que fuera una vida muy saludable... Durante 5 meses y medios sólo comí mierda. Una mierda muy bien empaquetada... pero mierda a fin de cuentas. En casi 6 meses, 8 kilos más y el colesterol 10 puntos más alto. Pero en Londres comprar verdura y fruta a buen precio se convierte en la misión más ardua de James Bond... (Sean Connery, por supuesto. En esta vida, al igual que el cola-cao o el nesquik, uno tiene que elegir un James Bond...).
Y cosas de la vida, al volver a Madrid, también volví a mi primer gimnasio. Al que empecé a ir incluso antes de que lo terminaran de construir, hace unos 8 ó 9 años, no recuerdo. Bueno, más que ir, pagar. Pero diré que te sientes casi igual al pagar por el gimnasio que al ir al gimnasio. Los remordimientos desaparecen. Por lo menos has dado el primer paso... Y así estuve durante un año. Pagando a mi conciencia a golpe de tarjeta de crédito.
Luego inauguraron el gimnasio, y se acabó el chollo... Además de pagar, tenía que ir. Absurdo... Empecé a tener la sensación de que vivía en el Heron City, que aunque está al aire libre, no deja de ser un centro comercial. Curraba en las catacumbas de las salas de proyección de lo que en aquel entonces eran los cines AMC, y según salía, me metía en el gimnasio, cuyo nombre en aquel momento no logro recordar... Después de tres o cuatro empresas distintas, una pierde la cuenta... Así que empecé a coger un tono amarillento propio de los vampiros que no ven la luz solar. Cosa que también me ocurrió en Londres, donde podías ver verdaderas peleas, cuchillo en mano, por coger un buen sitio en Hyde Park cada vez que salía un rayo de sol...
Hoy creo que cambiaré el gym por unas horitas bajo el sol.