martes, 4 de agosto de 2009

Currar o hacer deporte... difícil cuestión

Hoy he leído una noticia que me ha dejado de piedra: "El trabajo, una de las causas por las que no se hace deporte". Sinceramente, puede haber miles de excusas para no hacer deporte, "mis hijos absorben mi tiempo cual alienigenas ambrientos", "no hay nada que soporte menos que sudar como un pollo en las fallas valencianas", "demasiada ropa que echar a la lavadora todos los días", "no consigo levantar el culo del sofá", o, como en el libro que me estoy leyendo ahora (El frío modifica la trayectoria de los peces) "mis 4 peces de colores requieren de mis cuidados las 24 horas del día"... pero, ¿el trabajo?. Quién se cree semejante cosa???

El que hace deporte, y siempre ha hecho deporte, no va a dejar de hacerlo porque haya empezado a trabajar. Entre otras cosas, porque no hay nada mejor para "desestresarse" del curro que hacer deporte. Da igual que sea en el gimnasio, que te subas a una bici, que salgas a correr... o que simplemente practiques el "tumbing" frente a la vuelta ciclista (mientras haces abdominales, claro está). La cosa es en moverse, y no dejar de hacerlo nunca.

El año pasado, durante mi largo viaje a Londres, cierto es que dejé de ir al gimnasio, porque mi gimnasio en aquel momento, el Físico de Majadahona, me pillaba un poco a desmano... Aunque sólo un poco... Me levantaba a las cuatro de la mañana para ir a currar, aunque quizás, si hubiese madrugado algo más, quizás me habría dado tiempo a ir a las primeras clases de la mañana. A eso de las siete y media...

Pero como digo, el trabajo no es excusa. Yo me levantaba a las cuatro, y curraba como una c* durante 11 y 12 horas seguidas... y aún así, y con el leve impedimento del idioma, iba a clases de Yoga. Lo que implicaba que mientras tenía que estirarme cual espiga en el campo, tenía que mirar al mismo tiempo al hombre de turno que estuviese a mi lado, para enterarme de algo. Al final tenía más tortículis que otra cosa... En fin... Lo único que encontré a menos de dos kilómetros de distancia de mi casa... Sin contar que la parada de metro más cercana estaba a dos kilómetros, y los "andaba" de dos a cuatro veces diarias... Así que no se puede decir que hiciera una vida muy sedentaria...

Aunque tampoco se puede decir que fuera una vida muy saludable... Durante 5 meses y medios sólo comí mierda. Una mierda muy bien empaquetada... pero mierda a fin de cuentas. En casi 6 meses, 8 kilos más y el colesterol 10 puntos más alto. Pero en Londres comprar verdura y fruta a buen precio se convierte en la misión más ardua de James Bond... (Sean Connery, por supuesto. En esta vida, al igual que el cola-cao o el nesquik, uno tiene que elegir un James Bond...).

Y cosas de la vida, al volver a Madrid, también volví a mi primer gimnasio. Al que empecé a ir incluso antes de que lo terminaran de construir, hace unos 8 ó 9 años, no recuerdo. Bueno, más que ir, pagar. Pero diré que te sientes casi igual al pagar por el gimnasio que al ir al gimnasio. Los remordimientos desaparecen. Por lo menos has dado el primer paso... Y así estuve durante un año. Pagando a mi conciencia a golpe de tarjeta de crédito.

Luego inauguraron el gimnasio, y se acabó el chollo... Además de pagar, tenía que ir. Absurdo... Empecé a tener la sensación de que vivía en el Heron City, que aunque está al aire libre, no deja de ser un centro comercial. Curraba en las catacumbas de las salas de proyección de lo que en aquel entonces eran los cines AMC, y según salía, me metía en el gimnasio, cuyo nombre en aquel momento no logro recordar... Después de tres o cuatro empresas distintas, una pierde la cuenta... Así que empecé a coger un tono amarillento propio de los vampiros que no ven la luz solar. Cosa que también me ocurrió en Londres, donde podías ver verdaderas peleas, cuchillo en mano, por coger un buen sitio en Hyde Park cada vez que salía un rayo de sol...

Hoy creo que cambiaré el gym por unas horitas bajo el sol.

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