"La imaginación consuela a los hombres de lo que no pueden ser. El humor los consuela de lo que son"Hay muy pocas cosas que podría decir de Wiston Churchill, aparte de que fue un estadista, historiador, escritor y orador británico. Y que ganó el premio Nobel en el 53. Tampoco sería sincera sino dijera que lo poco que sé de este hombre tan brillante lo acabo de leer en la Wikipedia.
Winston Churchill
Después de tamaña confesión sobre mi ignorancia, diré que hay pocas “citas” tan inteligentes y que describan tan acertadamente la naturaleza humana como esta. La naturaleza, y la “cruz” de todos los hombres. La imaginación nos consuela de lo que no podemos ser. Aunque personalmente no sé si eso es un consuelo o un cruel castigo, merecedor de las más profundas carcajadas de los que estén al mando en esto del devenir de la especie humana…
Ser consciente de lo que no puedes llegar a ser, o tener, ya es suficiente castigo. Pero tener un arma como la imaginación, con la que nos podemos “recrear” en mundos de fantasía donde nada es lo que parece, y lo que parece, no existe, es una cruz…, un castigo, y una buena manera para desconectar de nuestra realidad y caer en un abismo de autocompasión y locura.
Y lo digo con conocimiento de causa. Mi mundo “paralelo” de fantasías de “lo que no es” es tan amplio y profundo que cualquier psicoanalista ganaría el gordo si decidiera poner mis pies en su consulta…
Es bueno, si controlas ese mundo y no “entras” demasiado a menudo. En pequeñas dosis, como todo, es incluso saludable. Pero caer en picado en las profundidades del la imaginación imaginada, no creo que nos pueda traer nada bueno. Ni a una profesional como yo…
Imaginar un amor, una pasión, un lugar lejano, una vida diferente en un mundo diferente… No nos lleva más que a pasar un buen rato, pero un rato “finito”, al fin y al cabo, y con una caída asegurada y sin red a la cruda realidad.
Hay personas increíblemente aficionadas a estos viajes sin destino físico aparente, que logran controlar su actividad “imaginativa” y no caen en una locura sin retorno, y con un único destino, el psiquiátrico más cercano. Y no son ni más ni menos que los novelistas, aquellas personas que logran llenar nuestros silencios con mundos que, a fin de cuentas, nos llevan a ese “lo que no es”. De esta forma ellos evitan terminar como cabras en un centro de salud mental, y nosotros no tenemos que hacer demasiados esfuerzos poniendo en marcha nuestra maquinaria “imaginativa”.
Nuestro amigo Winston no solo habla de la verdad aplastante de la imaginación enfermiza. Eso de que el humor nos consuela de lo que somos, todavía me aplasta más. Creo que estoy en posición de afirmar que soy de las pocas personas, por supuesto afortunadas, que son capaces de reírse de cualquier cosa, no sólo de lo que soy. Pero también, y sobre todo, de lo que son.
Reírte de ti mismo te da una perspectiva del mundo tan diferente y refrescante que no logro comprender cómo hay gente que no se “descojona” de ellos mismos con una frecuencia, como mínimo, diaria. Debería ser algo que nos pudiera recetar el doctor, “Reírte de ti mismo. Una dosis cada 8 horas”. Nos haría la vida más fácil a casi todos los mortales.
Al igual que uno se consuela de lo que no es con la imaginación, debe consolarse de lo que es, de lo que será, de lo que quiere ser, de lo que no quieres ser bajo ningún concepto, de lo que no puede dejar de evitar ser, de en lo que sabe que se acabará convirtiendo… y todas las demás conjugaciones de este verbo ausente en muchas lenguas, con la risa.
Risa, risa, risa, y más risa, con ciertas dosis de imaginación. La mejor receta para sobrevolar este mundo en el que estamos condenados a vivir, a sobrevivir, sin sendero ni el más mínimo sentido que nos ilumine el camino…
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