Ayer hablaba con algunas personas de mi entorno sobre el matrimonio. Lo conveniente o no que era el matrimonio cuando se iban a tener hijos. Todas ellas casadas, así que los marcianos bichos raros que no optan por el matrimonio no podían defenderse.
Como suelo hacer a menudo, yo defendía a esos marcianos bichos raros que no optan por el matrimonio. Y digo que suelo hacer eso porque, generalmente, cuando se avecina una discusión me pongo de la parte más débil piense yo (o no lo piense) lo mismo que ellos...
Quizás sea muy absurdo, pero por encima de todo creo que en la libertad, y sobre todo cuando esa libertad se manifiesta en algo "no bien visto" o en algo "minoritario". La verdad, y siendo totalmente sincera, es que me importa muy poco, pero que muy poco, si la gente se casa o no se casa o si tienen hijos o no. Por mi se pueden ir todos ellos en comandita y tirarse del último piso de la torre Picasso.
Lo que me molesta es que nos creamos con el derecho de juzgar a la gente por lo que hacen. Y no digo que ayer nadie jugara a nadie, que por otro lado así fue, pero no sé... Quizás algo que a mí me funciona no le funciona al vecino, y viceversa. Me molesta terriblemente cuando alguien se obceca defeneciendo una postura, su postura, sin darle ninguna oportunidad a lo que piensen los demás. Y al decir oportunidad me refiero a sus pensamientos, a sus ideas. En su cabeza, jamás de los jamases, "aprobarán" que alguien tenga hijos sin casarse.
Por mi parte, yo defendía a los inmorales padres solteros. Aunque más que a los inmorales padres solteros, yo defendía el "haga usted lo que le de la real gana". No creo que haya más porcentaje de éxito en los matrimonios que en los no-matrimonios. No creo que se quiera más a los hijos, o que estos sean más felices, cuando sus padres están casados que cuando no. Aunque de igual forma podría ser al contrario. Por qué no nos vamos a casar???
Vamos, que cada cual haga lo que le parezca mejor, a él y nada más que a él.
Aunque supongo que yo hago lo mismo, eso sin duda. A todos, en mayor o menor medida, nos sale esa vena enfermiza consistente en defender casi con la vida algo por lo que seguramente, en diez años, ya no daríamos ni el dedo meñique.
Y qué tendrá el pobre dedo meñique, me pregunto...
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