.Siento aburrir a mis lectores con batallitas del curro, pero como me paso la mitad del día aquí, y la otra mitad leyendo libros para un examen con títulos tan atractivos como Comunicación y poder, entiendo que mi vida laboral es bastante más interesante que la intelectual… a menos, claro está, que queráis lavar el celebro a algún país usando las técnicas de la propaganda del siglo pasado.
Ayer, cuando me preparaba a empezar mi jornada laboral, con mi dosis diaria de cafeína en vena, mis compañeros, ansiosos, como diría Pocholo, de “fiesta”, intentaban convencer a otro susodicho compañero de hacer una susodicha fiesta en su humilde morada.
Hasta aquí todo es normal, incluso llega a rayar el aburrimiento. Lo curioso llegaba después… El hombre, diana de un absoluto ataque y derribo, se resistía a hacer la fiesta en casa. “Rodríguez” donde los haya, afirmaba que su costilla le mataría si hiciera algo así… Y hasta aquí la cosa sigue siendo bastante común.
Lo que me sacó de mi estado catatónico, que dura desde que llego, hasta que el café me rescata de los oscuros abismos del tedio al que me conduce mi lectura matutina, fue un comentario que vino después. Íbamos andando tranquilamente, cuando nos cruzamos con un cuarto (o quinto) hombre deseoso de fiesta… Y este hombre dijo; “Vais a arruinarme entre todos” Y ellos, pero por qué, si tu chica no tiene por qué enterarse…, a lo que él respondió; “Cómo que no, en cuanto llegue el viernes lo va a oler, y no sólo va a saber lo de la fiesta, va a saber con nombres y apellidos todos los que estéis allí…”
Yo seguí para el segundo piso, sin darle mucha importancia al asunto. Pero cuando volvía a casa por la noche, en el coche, lugar de mis meditaciones diarias, le di a la cabeza. Supongo que ahora mucha gente se explicará muchas cosas… Quince minutos a la ida, y quince a la vuelta. Es todo el tiempo que me permito pensar más allá de los quince segundos que me lleva decidir la ropa que me voy a poner cada día…
Y como me encanta perder el tiempo haciendo estos cálculos tan penosos, os diré que esto significa que durante los meses de verano, pienso, más o menos, 30 minutos al día, dos horas a la semana, unas diez hora al mes… aunque hay que descontar las millones de veces que llego a casa milagrosamente. Pongo el piloto automático y la verdad es que llego… no sé cómo, pero llegar, llego.
A lo que iba. Estaba yo en el coche, en el túnel de Ríos Rosas exactamente, cuando me acordé de esa frase… Ella puede oler la fiesta, pero no solo eso, ella puede identificar a todos los participantes, como si de un sabueso del CSI se tratara…
¿Y a eso hemos llegado? Es muy triste, ¿no? A hombres acojonados por que sus mujeres tienen un detector de “juergas” en sus súper desarrolladas narices, y a mujeres que no pasarían una, incluso cuando ellas están de vacaciones en la playa mientras ellos están trabajando.
Supongo que no será tanto así, que nuestro protagonista ha exagerado mucho las propiedades de su chica… incluso es posible, aunque no muy probable, que fuese él mismo el que pasase de fiesta con los amiguetes del trabajo… Incluso voy más lejos. Habrá mujeres, que con toda la legitimidad del mundo, les prohíban a sus maridos tener cualquier tipo de relación “jurgil”con miembros del mismo sexo. Pero no deja de preocuparme que todo el mundo lo vea tan normal. “Claro, es comprensible… si mi mujer se enterara también querría caparme…”
Sinceramente, es cierto que muchas veces yo no he querido salir, pero eso no hacía que le prohibiera a nadie que hiciese lo propio… Además, creo que no hay nada más sano que airearse de vez en cuando lejos de la amada costilla (o costillo)…
Incluso no veo mal que uno flirtee con un desconocido/a… siempre que no pase de ahí. Todo el mundo lo hace y el que lo niega, miente. Obviamente, si mi novio me dice que se va de putas con sus amigos, probablemente lo que se encuentre cuando vuelva a casa será la maleta en la puerta. Pero por lo demás…
Parece que cuando una pareja lleva el tiempo suficiente como para, por ejemplo, presentar a la familia… es como que uno ya no puede pasarlo bien sin el otro. Como si nos produjera remordimientos de conciencia pasarlo mejor con los amigos que con nuestras parejas… ¿Y por qué no podemos tenerlo todo?, me pregunto… ¿No seríamos todos más felices?
Y hablo por los dos, tengo amigas cuyos novios no les permiten irse unos días de vacaciones “de chicas”… Me parece todo tan absurdo… Es que piensan que ellas encontrarán en ese preciso momento al hombre de su vida y les abandonarán en la más absoluta de las ruinas sentimentales???? En ese caso, sinceramente, cuando antes lo hagan, mejor que mejor…
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