jueves, 7 de agosto de 2008

Libros y amigos, ¿relación imposible?

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"Me gusta visitar a mis amigos de vez en cuando, para repasar mi biblioteca"

WILLIAMA HAZLITT


Qué razón tiene este hombrecillo... Yo, por regla general, sólo le presto libros a mis amigos, aún a sabiendas de que nunca los voy a recuperar. La familia, por regla general, siempre devuelve los libros. Los tienes demasado a mano para que se hagan los locos... Si es un libro que me gusta mucho, lo primero que hago es ir al día siguiente a La Casa del Libro y comprar otro igual... La última vez que realicé está incómoda compra fue con MrVértigo, de Paul Auster.

Y tengo que sustituir el libro al día siguiente... a lo sumo a los dos días. Porque mi memoria ram es menor que la de cualquier pez conocido, y si no me veo a los dos o tres meses buscando el libro como una loca desesperada por toda la casa. Y como en esta casa no hay apenas libros... Sólo uno o dos... Por centímetro cuadrado... Muchas veces me ha pasado, y ya sé que debe ser un síntoma de locura, o dos... que de repente me doy cuenta de que me falta un libro y empiezo a buscarlo como una posesa... y mi mente calenturienta no descansa en paz hasta que no el libro no vuelve a estar en su sitio. O sea, controlado por esta mente enferma. Y si no lo encuentro, pues lo compro...

Y no hay nada más frustrante que tener un libro recién comprado en la estantería... o en el suelo, o encima de la cama, o sobre la impresora, o... Odio los libros nuevos, libros que nunca se han leído, rígidos, todavía con el olor del palel nuevo... Me gustan mis libros, los que he leído yo, los que he doblado, arrugado (mierda de ediciones modernas!!!!)

Voy a tener que cambiar la táctica... A partir de ahora le compraré el libro nuevo al amigo plasta... y me quedaré con el manoseado para mí... Así ganamos todos, no??? Menos yo, que me tengo que gastar la pasta en cultivar mentes ajenas, amigas, pero ajenas no obstante...

Aunque yo tampoco debería decir mucho... Tengo parte de la "colección" de mi amiga Laura. Y como sé lo molesto que es, yo tengo la intención de llevárselo cada vez que nos vemos. En serio. De verdad de la buena... Yo lo intento, pero siempre pasa algo a última hora que hace que el libro se quede en casa... Quién sabe, a lo mejor me ha cogido cariño, a lo mejor está muy agustito en casa y no quiere salir, a lo mejor se ha vuelto agorafóbico...

No sé... es un misterio... Tal vez tenga que aprender de mí y hacer una visita a La Casa del Libro...
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