Hace un par de días “Amor y libertad” me hizo un comentario a raíz de uno que le había hecho yo… Hablaba sobre la verdad, y yo le escribí que, en realidad, y por mucho que la gente diga lo contrario, nadie quiere la verdad. La gente sólo quiere escuchar lo que quiere oír. Y no sólo es eso, a todo el mundo le da miedo la verdad. La verdad de los demás, y su propia verdad.
Y esta es mi verdad. Me refiero a todo lo que escribo aquí. Y aunque no sea toda la verdad, por lo menos esta es mi parte. Y digo esto porque en los dos últimos días me han hecho varios comentarios sobre el blog. Y en ese momento, mi cerebro ha hecho una especie de escaneo últra rápido sobre todo lo que había escrito. Y entonces, he sentido una especie de inmensa vergüenza, que se ha convertido en mi particular miedo escénico capaz de paralizarlo todo.
Hay varias opciones. Deshacerme de este blog y crear otro con un pseudónimo. Los mejores escritores lo hacen, así que no debería avergonzarme de ello. Otra opción es dejar de escribir sobre la gente que me rodea, pero esa queda descartada. Y la última, escribir sin pensar ni un momento quién puede leerlo o quien se puede dar por aludido.
Si me remonto al porqué de este blog, y si soy sincera, y aquí estamos para eso, tendría que decir que es un sustituto temporal de mi futuro psicoanalista. Pero dado que ahora soy, como decía mi ex, una pobre acomodada, tengo que conformarme con mi ciberFreud.
En una entrevista que hizo Buruaga a un escritor hace un par de semanas, éste decía que desde que se levantaba hasta que se acostaba, sus pensamientos estaban “novelados”, todos sus pensamientos eran una novela. Espero que no fuera en plan el Ulysses de Joyce, por aquello de que hay que mantener una mínima cordura… pero bromas aparte, me sentí terriblemente identificada.
No puedo no escribir, así que espero que nadie se sienta ofendido con nada de lo que escribo aquí. Y sólo por una razón. La gente que forma parte de mi vida, y que puede aparecer aquí, es gente a la que quiero. Porque solo gasto “reflexiones” sobre gente a la que quiero, y en casi todos los casos, sobre gente a la que admiro.
Así que, a todos los que me ayudáis a “reflexionar”, gracias.
Uno de los pocos blogs que sigo asiduamente, con el que me siento MUY identificado, con el que disfruto leyendo cada nueva entrada... Ni se te ocurra plantearte dejar de escribir.
ResponderEliminarYo tampoco espero (ni quiero) una sinceridad al 100%. Cuando ellas preguntan si han engordado o ellos si la tienen pequeña, no quieren que les digas que sí por mucho que esa sea la verdadera respuesta.
Mentiras piadosas, como cantaba Sabina.