domingo, 30 de noviembre de 2008

Quiero los cadáveres

Ayer un virus, bueno, más bien unos cuantos viruses, entraron en este ordenador como si de su casa se tratase. Ahora viven aquí, conmigo, a sus anchas. Como si mi pequeño "ciberespacio" estuviera abierto a cualquira.

Cierto es que está abierto a cualquiera. A cualquiera que navegue, y en su navegar se encuentre en mi casa. Pero no es cierto que esté abierto a los que quieren perturbar de mala manera mi paz mental. Y mucho menos la espiritual, que bastante "tocada" anda ya. Menos mal que no son virus muy dañinos. Más bien son "tocapelotas".

Pero qué necesidad tengo yo de pasarme horas y horas delante del ordenador intentando matar a estos cabrones, a estos minúsculos bichitos que no hacen más que abrir ventanitas con mensajes no muy navideños... Y si creen que voy a pagar el antivirus que estos mensajitos dicen que acabará con ellos, están apañados.

Para eso está mi cuñado... Cual súper héroe, con capa roja incluida, tendrá que venir y cargárselos a todos. Nade de "los quiero vivos". Yo no, yo quiero los cadáveres. Directamente. Aquí no hay piedad que valga.

Si consigo acabar con ellos, o ellos con mi paciencia, mañana lo sabréis.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Dominó compulsivo

No sé si a vosotros os habrá pasado igual, pero últimamente he vivido con la sensación de una cierta inmunidad. Como si, a pesar de todas las cosas horribles que le pueden pasar a una persona, y por supuesto, a mí también, pese a todo ello, las cosas fluyeran solas.

Es más, creo que si las dejas fluir solas, llegan donde tienen que llegar. Si imagináis un dominó, en el que cada pieza te lleva a la siguiente, y a la siguiente, y a la siguiente… me veréis a mí. Soy un dominó. Es más, vivo en un dominó. Creo que soy la pieza del 3 y el 5. El 5 me gusta, pero el 3 no mucho.

Pero los números pares no me gustan nada. Hace unos días escuché que no sé qué empresa americana (como son los yanquis) tenían todos los equipos de trabajo con un número par de empleados. No tienen un solo equipo o departamento con un número par. Si en un departamento de 3, necesitan alguien más, entonces contratan 2, para ser 5. ¿Y, por qué? Muy simple. Los grupos de números pares no se ponen nunca de acuerdo.

Es curioso, yo no soy sólo yo. Me refiero que dentro de mí hay unos cuantos seres pululando a sus anchas. ¿Serán número par o impar? No sé por qué, pero me da que sean quienes sean, son número par. Por eso nunca me pongo de acuerdo en nada, ni siquiera conmigo misma.

Aunque volviendo a mi disertación primera, soy un dominó. O mejor dicho, vivo en un dominó. Cada cosa que hago, o cada persona que conozco, me llevan a la siguiente, y a la siguiente, y a la siguiente. Todo enlazado, y bien enlazado, como una súper cadena de 29 años de largo. Supongo que a todos nos pasará igual, pero creo que a mí me pasa demasiado, con un cierto toque maníaco-compulsivo.

Pero bueno, ahí está un poco la gracia de la vida, ¿no? Dejar de pensar tanto y dejarse llevar, ver dónde nos lleva la marea. Y allí, volver a empezar…

jueves, 27 de noviembre de 2008

Larga vida al BIC

Hoy tengo que vender el bolígrafo.

Si, habéis leído bien. Tengo que vender el bolígrafo. El bolígrafo BIC, para ser más exactos. Me encanta la palabra bolígrafo. Creo que hemos perdido la capacidad de ser seducidos por las palabras. Bolígrafo, bolígrafo, bolígrafo…

En la clase de esta tarde, Habilidades gerenciales (creo), tenemos que “presentar” un invento. Tenemos 3 minutos para “vender” algo a la audiencia y convencerles. Y ese “algo” tiene que ser un invento. Nos van a grabar y a analizar nuestras “habilidades” para hablar en público.

La mayoría de la gente se ha decantado por la cámara de fotos digital, el USB, el ordenador, el móvil. Pero, sinceramente, creo que hay millones de cosas que han sido mucho mejores inventos.

Al principio me inclinaba por algo tipo el papel higiénico. Qué mejor invento que este. ¿Qué otra cosa nos es tan útil como el papel higiénico? Pero dadas las connotaciones escatológicas, preferí buscar otro. Pasé por la fregona, el chupa-chups, el lavavajillas, la nevera, y un largo etcétera de cosas que nos hacen la vida más fácil cada día.

Y así llegué hasta el bolígrafo. ¿Os imagináis qué engorro tener que ir a todos lados con las plumillas, tinteros, papeles secantes, etc?

Me parece un invento genial. El bolígrafo. El lapicero también lo es. Sin duda. Yo casi prefiero un buen lapicero del número 2 que cualquier otro instrumento de escritura. Pero el lápiz como que no es serio. Lapicero, otra palabra increíble.

Para el que no lo sepa, el bolígrafo es un invento que se produjo en 1948 en Hungría. Un dato muy importante para los jugadores compulsivos de Trivial. Y también para el que no lo sepa, es una de las cosas más vendidas en todo el mundo.

Pues eso, larga vida al BIC!!!!



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jueves, 20 de noviembre de 2008

1 año en 1 post


Resumir cualquier cosa en 365 palabras no es fácil. Pero resumir un año entero en 365 palabras es algo casi imposible.

¿Qué puedo contar con 1 palabra por día? En mi caso, gracias a lo profundo de mi amnesia recurrente, creo que podría contar con 3 palabras por cada día que logre recordar de forma aceptable.

Todos mis recuerdos viven, se reproducen y mueren en una especie de nebulosa, mitad gris, mitad húmeda. Son una suerte de sueño entre lo vivido, lo imaginado y lo inventado.

2007, recuerdo, no fue un gran año. No es por lo que pasó, o por lo que yo creo que pasó. Tampoco es por lo que hice, o por lo que no hice. Más bien es una sensación que me entra en el estómago cada vez que pienso en ello.

2008 llegó como un huracán. Dejé el trabajo, mi casa, a mis amigos, a mi familia, y mi país. Y aunque he vuelto a mi país, no he llegado a recuperarlo del todo. Por muy absurdo que parezca, sigo siendo ciudadana española residente en Reino Unido. Eso es algo que tendré que solucionar pronto.

Mi vida en Londres, como todo en la capital inglesa, fue de un tono entre azulado y verdoso, húmeda, suave y con un constante hilo musical. Rodeada de gente estrafalaria, con más tuercas bajo la cama que sobre la cabeza, tuve muchos momentos casi rayando el absurdo. Y conocí gente que espero no olvidar nunca. Cosa harto difícil, cuando no recuerdo ni a mis propios parientes.

Acabada mi aventura londinense, pero con mis neurosis todavía vivas y con más ganas de jugar que nunca, volví a mi casa, a Madrid. Y aquí estaba esta mañana, en Madrid, intentando adivinar dónde estaría Ryan, mi mejor amigo en Londres, y de quien, tras la vuelta a los números de teléfono y direcciones españoles, había perdido el contacto.

Hoy me ha escrito. Y me ha hecho muy feliz. Creía que no volvería a saber de él, y ahora sé que está en California con planes de trasladarse a Argentina. Sin duda lo mejor del 2008. Los amigos que al otro lado del mundo siguen acordándose de ti.


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martes, 18 de noviembre de 2008

Una de humor...

“Errar es humano, pero más humano es echarle la culpa alguien.”
Les Luthiers


Acabo de "chocarme" de bruces con esta cita. Increiblemente cierto, no?

Menos mal que todavía soy pequeña

En plena crisis existencial otra vez. Si me dieran un euro por cada crisis existencial que he tenido, creo que a estas alturas ya sería rica. Me puedo proclamar como experta. Soy doctora en crisis existenciales. Y yo me pregunto, ¿esto le pasará a todo el mundo? Sinceramente creo que no.

Imagina un lugar con un montón de gente todos en la misma situación. Sería un caos total. No creo que sea así. Hay tanta gente tan segura de lo que quiere. Por una parte les envidio a todos, pero por otro, qué aburrido, ¿no?

Menos mal que todavía soy pequeña. Todavía puedo cambiar de rumbo unas cuantas veces. Me siento como cuando estaba en BUP. En apenas dos años decidí que quería ser unas veinte cosas diferentes. Primero me matriculé en ciencias puras. Quise estudiar ciencias del mar, astrofísica, astrología, matemáticas… Luego, en segundo de BUP, me pasé a ciencias mixtas, y quise estudiar desde literatura hasta psicología. Y ya no recuerdo si volví a cambiar en COU a letras mixtas.

Creo que esto lo dice todo sobre mí. No hay mucho más que decir. En menos de diez meses he sido maquetadora, fotógrafa, cocinera, camarera, periodista y ahora marketiniana. Y no me extrañaría nada hacer unas cuantas cosas más antes de celebrar el fin del 2008. Estoy deseando que llegue el 2009. Siempre me han gustado más los números impares. Aunque el 2007 no fue un buen año, por lo menos para mi. Y este todavía no estoy en condiciones de juzgar. Creo que ha sido bueno…

He hecho bastantes cosas que no había hecho antes. Incluso cosas que nunca antes me habría planteado. Sólo este fin de semana he hecho unas cuantas.

Este domingo, por ejemplo, fui a ver una obra de teatro alemana, en alemán. La verdad es que fue una experiencia. Tengo que decir que fui objeto de una trampa sin piedad. F, que se había quedado compuesto y sin novio, y con dos entradas para una obra de teatro, tengo que decirlo otra vez, en alemán, me invitó al teatro. Cuando estábamos ya casi sentados en el María Guerrero me confesó que la obra era subtitulada. Se lo había “callado” por si le decía que no. Y eso nunca. Y es curioso la idea “malsonante” que tenemos del idioma germano. Personalmente me encantó, y creo que en español hubiera perdido mucha de su gracia. Tiene muchísima fuerza, y personalidad, y en muchos casos es una lengua suave, aterciopelada, sexy

Y el viernes, poseída por el deseo y la necesidad de contribuir con la sociedad, respondí a la llamada de necesidad de donantes de sangre. Nunca antes había donado sangre y fue otra experiencia. Aparte, claro está, de seguir tendiendo cinco días después el brazo de un color azulado verdoso. El médico, o mejor dicho, el “súper” médico, me dijo que si me mareaba no mirara la aguja (la súper aguja). Estuve a punto de decirle que tenía suficiente con mirarle a él. Empiezo a pensar que este médico es un reclamo publicitario para atraer a donantes de sangre femeninas. Así que si alguien quiere conocer a semejante portento médico, que se acerque al autobús de la Comunidad de Madrid que está permanentemente en Sol. Aunque quizás no os encontréis con él a la primera. Digo yo que en algún momento tendrá que descansar la criaturita

Pues eso, me siento pequeña, pequeña, cual guisante. Y ahora hasta empiezo a ser verdosa. En poco tiempo seré una bola redonda y verde… Y como los m&m’s me derretiré en tu boca.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Empachos

Esta última semana he semana he estado pensando mucho en la naturaleza humana. Aunque no tanto en la naturaleza humana como en una pequeña variante de esta.

Como en las antiguas cartillas de los militares en las que la valentía se “presuponía”, resulta que la capacidad de reflexión, en mi opinión, también se le “presupone” al ser humano, aunque no haya ninguna, y repito, ninguna, prueba tangible de ello.

Se supone que el hombre es el único animal que no se tropieza dos veces en la misma piedra. Lo siento, pero yo discrepo totalmente con esta afirmación. Es más, no es que tropecemos en la misma piedra, es que tropezamos, y tropezamos, y tropezamos… y hasta dormimos cada noche con la susodicha piedra.

En mi caso, me confieso enfermizamente recurrente. Pongamos un ejemplo. Supongamos que el médico nos dice que no podemos comer más chocolate. Que si comemos más chocolate terminaremos con nuestro hígado y moriremos lenta y dolorosamente mientras esperamos un donante en la cama de un hospital.

El ser humano “medio” no podrá dejar de comer chocolate. Es más, cuanto más le digan que no puede comer chocolate, más querrá darse el atracón de su vida.

Como me ha pasado muchas veces en mi vida, ahora me encuentro en la misma situación. He probado muchísimos tipos de chocolate; de naranja, de fresas, de menta, con leche, amargo… (éste es el mejor, el chocolate amargo…) supongo que con la estúpida confianza que tiene el ser humando en ese 0.1% de probabilidades de que el chocolate que estás probando sea el único en el mundo que no te destroce el hígado. Evidentemente ese 0,1% no existe, pero ¿de qué otra manera vamos a justificar el riesgo que corremos con su consiguiente y posterior viaje al hospital?

Y así ando yo. Sé que no debería probar el chocolate. Soy totalmente consciente de que no “puedo” probar este chocolate. Lo sé. Si fuera inteligente, lo dejaría ahora mismo. Tiraría a la papelera hasta la última traza de chocolate que corre por mis venas. Porque ahora sólo me duele un poco el estómago, y sería el momento de hacerlo. Sé que tendré que hacerlo, lo sé… que antes o después el chocolate quedará totalmente desterrado de mi dieta. Entonces, ¿Por qué tengo que esperar a estar en el hospital, muriéndome, pidiendo otra oportunidad, y prometiendo que jamás, jamás de los jamases, volveré a acercarme a menos de 100 metros de una tableta?

No sé por qué presupongo que todos los humanoides somos iguales. Que algún día en el pasado el ser humano decidió no pensar más. No ver los pros y los contras de las cosas, no hacer un examen exhaustivo, no reflexionar…

Pero ayer me di cuenta de que las cosas no son así. En clase hicimos un test que nos clasificaba en cuatro diferentes perfiles de “comportamiento social”. Al principio estaba totalmente en desacuerdo con mi resultado. Yo me creía “amigable” y he descubierto que soy “expresivo”. Ha sido un duro golpe. A nadie el gusta descubrir que no sabe nada de sí mismo. Que todo lo que creía sobre sí mismo no tiene nada que ver con la realidad.

Así que he descubierto que hay mucha gente todo lo contrario a los “empachados” de chocolate. A los empachados de todas esas cosas que nos harán daño, pero a las que no somos capaces de renunciar. Existen muchas personas que no son capaces de dar un paso sin haber hecho antes miles de “estudios de riego”, personas que no se acercarían ni a un metro de una tableta de chocolate. Aunque estuviera totalmente cerrada al vacío.

Así que así soy yo, valga la redundancia.



Alta Empatía, abierto, orientado a personas, informal, amistoso, extrovertido, impulsivo, comunicativo

Alta Asertividad, competitivo, exigente, activo, determinado, extrovertido, expresa necesidades abiertamente, decisivo, obstinado.

Alta empatía + alta asertividad - estilo expresivo

El estilo expresivo:

Los expresivos suelen enfocarse en sueños del futuro que a veces les hacen perecer irrealistas, imprácticos e irresponsables. Pero pueden incitar el entusiasmo de los demás y estimular y espolear los ánimos de las personas que le rodea. Incansables en su búsqueda del futuro, a veces saltan de una idea o acción a las siguientes. Las ideas del expresivo son muy a menudo basadas más en la intuición que en un proceso intelectual metódico, y por lo tanto suelen tener bastante de creativo. Pero el expresivo puede equivocarse si deja que sus deducciones se basen solamente en opiniones emocionales, sin contrastarlas con un análisis más estructurado.

En los negocios, los expresivos tienen cualidades de liderazgo naturales y son orientados a persona . Sufren si tienen que trabajar dentro de reglas y estructuras estrechamente definidas, y para ello necesitan algo de ayuda para organizar su trabajo. Pueden inspirar a otros a alcanzar sus objetivos, pero a veces necesitan escuchar más a los demás y estructurar mejor su preparación previa.

Así que visto esto ¿Para qué luchar contra los empachos de chocolate? Creo que mi única solución está en encontrar algún medicamento que me cure el dolor de estómago. Supongo que mi estrategia debe dirigirse a curar los síntomas. Debo conformarme con eso... Me quedo con eso de que "suelen enfocarse en sueños del futuro que a veces les hacen perecer irrealistas" y que "las ideas del expresivo son muy a menudo basadas más en la intuición que en un proceso intelectual metódico". Acojonante que haya tenido que asistir a un master de 16.000 euros para descubrir algo así. Sin palabras...

martes, 11 de noviembre de 2008

Que te dure!!!!

Ayer, en clase, hicimos un curioso ejercicio al terminar una presentación. Uno a uno teníamos que cerrar los ojos y hablar, y los demás tenían que describir lo que “decía” nuestra voz.

Cuando llegó mi turno, el profesor dijo que tenía un timbre de voz muy bonito e interesante. Algo curioso, porque siempre he “odiado” mi voz. Aunque debe ser verdad porque este año ya me lo han dicho varias veces. Y cuando varias personas discrepan conmigo en algo, tiendo a replantearme mi propia, y auto-realimentada, durante 30 años, opinión.

Luego dijeron entre todos que tenía una personalidad “fresca”, a lo que yo pensé inconscientemente, como una lechuga, y no porque quiera parecerme a una lechuga, pero así es… y que transmitía mucha simpatía. El profesor dijo que además siempre me estoy riendo, aunque se apresuró a decir que no de manera “falsa”. La verdad es que nunca me he planteado reírme de forma “falsa”. Creo que no sabría hacerlo. Yo soy más de risa fácil y real. Por algo he sufrido dos veces un auténtico ataque de risa, con viaje a urgencias incluido. No hay mucha gente que pueda hacerse eco de algo así, y menos sentir un enorme orgullo. Es uno de mis mejores “títulos”, mis dos ataques de risa. Hay gente que tiene títulos universitarios, másters, cursos, que enmarcan y sacan brillo en su despacho. Yo tengo ataques de risa.

Esto quizás tuvo que ver con que todos los que hablaron antes dijeron chorradas de enorme envergadura, del tipo de “no sé que decir”… Y como yo tampoco sabía que decir, y evidentemente iba a decir una chorrada mayor, recité el “Con 10 cañones por banda…”, con lo que, evidentemente, me dio un ataque de risa. Así que más que mi voz, escucharon mi risa.

Así que cuando terminaron conmigo, cosa que ahora suena muy dramático, pero que ayer me alivió bastante, el profesor dijo, “pues chica, que te dure mucho…”.

Y aquí llega mi problema sustancial (o insustancial). Nunca pensé que eso fuera algo que se podía “acabar”. Soy consciente de que la gente cambia, y que en parte es una decisión que tomas y una postura ante la vida, y lo soy, en parte, porque yo tomé esa decisión. Hasta los 15 ó 16 años soy consciente de haber sido una especie de monstruo (aunque ahora quién lo diría… jajaja). Quizás era un monstruo “con justificación” de ser un monstruo, pero la cruda realidad es que lo era. Y si no que se lo pregunten a las amigas de mi hermana, que diez años después, alguna todavía me tiene miedo.

Una vez tomada la decisión, y mantenida durante más de 15 años, llega alguien y me hace dudar de la durabilidad de mi mayor “fortaleza”, por seguir con los DAFOs que hicimos ayer en clase.

Y mi pregunta es, ¿Qué tendría que pasar para que esta actitud decidiera abandonarme y ocupar otro cuerpo “más interesante”?. Me refiero a que conscientemente no voy a dejar que me abandone, y me aferraré a mi espíritu optimista e “insustancial” todo lo que pueda. Aunque no voy a cerrar los ojos a la realidad de que pueda perder mi personalidad a la vuelta de la esquina… ¿Cómo se puede conservar algo insustancial, como es la propia personalidad?, ¿Es como una planta a la que hay que regar, y hablar con cariño y devoción?, ¿Es algo que hay que “alimentar” cada día?

Si ni siquiera sé cómo ni cuándo llegó hasta mí, ni de dónde viene, ni de qué está hecho… Como en el famoso anuncio de compresas, ¿a qué huele la risa?

sábado, 8 de noviembre de 2008

Hijos de puta!!!!!!!!!!

Acabo de descubrir que en menos de una semana he estado en EEUU, Francia, Canadá, Reino Unido, Gibraltar... Me explico. Acabo de descubrir que alguien ha estado usando mi visa comprando XBos en EEUU, Francia, Canadá, Reino Unido, Gibraltar...

Mira que pensaba irme a Ontario, Canadá. Aunque no a comprar una XBos... Pero bueno, ahora que alguien lo ha hecho por mí, tendré que ir pensando otro lugar para las vacaciones. Aunque todo eso si al final no tengo que pagar los muchos cientos de euros que se han gastado a mi salud... Que nunca se sabe...

Así que, viendo el vaso medio lleno, cosa que hay que hacer siempre (siempre, siempre), me iré a la Casa del Libro a comprarme una guía Lonely Planet, las mejores, para visitar Canadá con la imaginación. Mucho más seguro y barato. Uno puede hacer miles de cosas con la imaginación. Cosas que nunca imaginaríamos. Sobre todo sin dinero en los bolsillos.

Bueno, mañana os contré qué tal mi aventura con la pasma.

jueves, 6 de noviembre de 2008

El fiambre más oportuno

El pasado lunes comencé un master. Es una de esas cosas que hago yo “de repente”. Ya sabéis que no me puedo aburrir. Y todavía menos, estar sin hacer nada. Así que busqué y busqué… y decidí. Ahora que sigo haciendo prácticas y, por consiguiente, currando 6 horas, puedo permitirme “matarme” a estudiar. No es que “matarme” a… nada, sea algo que me atraiga…

Pero así soy yo de insustancial. Y como ser insustancial que se precie, no pienso. O pienso poco. Salgo de casa a las nueve de la mañana y vuelvo a las once de al noche. Así que pienso poco. Por lo menos entre semana. Normalmente los fines de semana, para la gente “con sustancia” corresponden al tiempo de ocio. Para mí, a partir de ahora, serán los “tiempos de pensar”.

A lo que iba. Ayer, en el master, tocó clase de algo parecido a la jurisdicción en el mercado. O similar… Y al comienzo de la clase pensé que menudo coñazo. Para ser más exacta pensé “pero quién coño me mandó meterme aquí”, cosa que me ocurre bastante a menudo.

Y lo sorprendente es que fue la clase más interesante. Esto no dice mucho, porque era la tercera clase. Pero creerme, fue muy interesante. Incluso divertida… aunque no voy a insistir en esto por aquello de no fomentar más mi frikismo.

La profesora, una mujer de unos cincuenta años, bastante atractiva, y con esos ojos brillantes que “enganchan” a la gente, nos contó una anécdota que en el mismo momento de escucharla se me grabó en el cerebro para escribir un relato, o cuento, o novela… algún día.

La contrataron para demandar al tanatorio de la M-30 por cobrar precios distintos por los mismos servicios en función de si la funeraria era privada o pública. En este punto yo ya me estaba imaginando el ingrediente de humor negro que tendría mi novela.

Contó toda la historia de manera bastante humorística, pero lo que definitivamente me “enganchó” a esta historia, fue que para poder demandar al tanatorio, necesitaban a un muerto que la palmara en un momento que le viniera bien a ella y al notario. Además de tener que convencer a la familia para semejante “sinsentido”.

Me imaginé a la abagado, al notario, al fiambre, a la familia… todos allí reunidos a las puertas del Tribunal Supremo. Por supuesto que el fiambre estaría en su debida caja, por aquello de no influir en la futura decisión del juez, y de no herir la sensibilidad de los presentes.

Y otra cosa, puede sonar muy mal eso de que tuvieran que esperar a un fiambre que la palmara en el momento preciso. Pero bueno, ese muerto tendrá siempre el privilegio de ser el que consiguió acabar con las prácticas ilícitas del tanatorio de la M-30. ¿Quien no quiere ser protagonista de semejante orgullo?????

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Plan prever Tupperware

Antes de ayer me pasó algo curioso. Con las prisas, al salir del curro se me olvidaron los tuppers en mi mesa. Ayer,a consecuencia de lo anterior, me tuve que llevar unos cuatro tuppers a casa.

Por la noche, cuando los estaba fregando, llegó mi hermana a casa y aportó otros dos tuppers a mi montaña de cacharros para fregar. Según los iba poniendo a escurrir empecé a emparanoyarme.

Todos los tuppers son iguales. Por supuesto son de la marca tupperware, no faltaría más. Blanquecinos trasparentosos los recipientes, y verde chillón las tapas. Todos tienen el mismo tamaño aunque diferente profundidad.

Así que allí me encontraba yo. De pie, frente a la pila de la cocina, mirando todos esos tuppers escurriendo unos encima de otros. Y me fijé en una cosa… Las seis tapas eran iguales, incluso conservaban el mismo color a pesar de que algunos tenían unos días y otros varios años. No pasaba lo mismo con los recipientes. Algunos blancos, otros amarillos, y otros en un lugar intermedio.

Entonces me hice una pregunta. Cuando yo los compré, cada recipiente tenía su pareja, con la que había vivido una larga experiencia. Estaban juntos desde su fabricación, su transporte, su estancia en la estantería del Carrefour de varios meses… hasta que llegué yo.

Y yo los separé. Los separé cruelmente, y los mezclé con otras cinco parejas de tuppers sin el menor reparo. Es posible que para algunos de ellos el cambio haya sido a mejor. Imagina una tupper que tiene dos años y de repente la tapa es unida a un recipiente que apenas ha cumplido unos meses. Un plan prever perfecto. Al estilo de “Cambio una de cincuenta por dos de veinte”… Pero qué sintió la pobre tapa de apenas unos meses a la que le encasqueté un recipiente de dos años. Esa tapa seguro que no está tan satisfecha con el cambio.

Después de pregunté otra cosa. ¿Las tapas y recipientes serán conscientes cuando, de una menera totalmente dependiente del azar, vuelven a encontrase con su pareja original? O por el contrario, tras tres o cuatro cambios, olvidan en el fondo de su ser a quien les acompañó en el azaroso camino hasta la llegada a mi cocina.

Aunque podáis pensar que me encontraba bajo los efectos de alguna sustancia psicotrópica cuando mi mente comenzó a divagar sobre la dura historia de los tuppers separados de su pareja ideal, no lo estaba. Es más, si fuera publicista de Tupperware, ahora mismo estaría trasladando esta idea a la que sería la campaña publicitaria más exitosa de su historia.

Ahora esperemos a ver en la televisión tuppers tristes y llorosos deambulando por las calles de Manhattan en busca de su media naranja…

martes, 4 de noviembre de 2008

En cuatro palabras...

Este último año, por unas u otras razones, he tenido que hacer miles de entrevistas. Y al decir miles de entrevistas, quiero decir miles de entrevistas. Desde las más surrealistas en Londres, donde me preguntaron, por ejemplo, qué animal sería, si pudiese ser un animal. Hasta las más profundas, donde me pidieron que describiera el momento más traumático de mi vida y cómo reaccioné ante él.

Evidentemente tras estas experiencias una aprende a mentir muy bien. No porque tenga un especial interés en “maquillar” mi currículum, que no lo tengo. Pero de lo que si que no tengo ningún, absolutamente ningún interés, es de contarle a un desconocido mis “traumas” más profundos.

¿Realmente en una empresa necesitan saber estas cosas? ¿Hasta dónde pueden llegar en una entrevista de trabajo sin traspasar el límite de lo éticamente correcto?

Supongo que uno puede negarse a responder ciertas preguntas, pero me parece mucho más seguro inventarse, sobre la marcha, una situación hipotética que describa lo que te están pidiendo. Tienes que tener una gran capacidad inventiva, o mucho morrro, pero así es la jungla.

También son graciosas las preguntas tipo “descríbete en cuatro palabras”, o “dime cómo te describirían en cuatro palabras tus jefes o compañeros”. Es increíble cómo le gusta a los entrevistadores hacer estas preguntas. Siempre caen… y sinceramente, ¿cómo pueden creer que la gente es sincera respecto a ello? Nadie va a decir la verdad… “Siempre soy impuntual, desordenado, poco responsable y me ducho una vez al mes”. Más bien escucharán un “soy responsable, puntual, me gusta trabajar en equipo y si es preciso tomo decisiones rápidamente”.

Hay miles de páginas en Internet donde te dicen cómo y qué cosas hay que responder a estas preguntas “tipo”. Te dicen qué es lo que los responsables de una empresa quieren escuchar. Por ejemplo, la última teoría que escuché, es que hay que decir cosas que se pueden llegar a aprender en los defectos (como programas informáticos, etc), y cosas imposibles de aprender en las virtudes (soy creativo, innovador, etc). Tiene su lógica aplastante, pero aún así me resiste a creer que los “entrevistadores” se crean estas cosas…

Sin ir más lejos, en mi última entrevista, que fue para un master, me hicieron estas mismas preguntas. Y sinceramente, no tengo ni idea de la respuesta. Eso si, sabía exactamente lo que ellos querían escuchar.

Definirse a uno mismo es sumamente complicado. Me pregunto si la gente que no tiene que hacer entrevistas de trabajo se hará estas preguntas. Es un buen ejercicio de “autoestudio” de uno mismo, valga la redundancia. Pero creo que yo jamás me habría intentado “resumir” en cuatro palabras de no ser por las entrevistas de trabajo. Y aún habiendo hecho un montón de ellas, sigo sin saber cómo soy…