martes, 11 de noviembre de 2008

Que te dure!!!!

Ayer, en clase, hicimos un curioso ejercicio al terminar una presentación. Uno a uno teníamos que cerrar los ojos y hablar, y los demás tenían que describir lo que “decía” nuestra voz.

Cuando llegó mi turno, el profesor dijo que tenía un timbre de voz muy bonito e interesante. Algo curioso, porque siempre he “odiado” mi voz. Aunque debe ser verdad porque este año ya me lo han dicho varias veces. Y cuando varias personas discrepan conmigo en algo, tiendo a replantearme mi propia, y auto-realimentada, durante 30 años, opinión.

Luego dijeron entre todos que tenía una personalidad “fresca”, a lo que yo pensé inconscientemente, como una lechuga, y no porque quiera parecerme a una lechuga, pero así es… y que transmitía mucha simpatía. El profesor dijo que además siempre me estoy riendo, aunque se apresuró a decir que no de manera “falsa”. La verdad es que nunca me he planteado reírme de forma “falsa”. Creo que no sabría hacerlo. Yo soy más de risa fácil y real. Por algo he sufrido dos veces un auténtico ataque de risa, con viaje a urgencias incluido. No hay mucha gente que pueda hacerse eco de algo así, y menos sentir un enorme orgullo. Es uno de mis mejores “títulos”, mis dos ataques de risa. Hay gente que tiene títulos universitarios, másters, cursos, que enmarcan y sacan brillo en su despacho. Yo tengo ataques de risa.

Esto quizás tuvo que ver con que todos los que hablaron antes dijeron chorradas de enorme envergadura, del tipo de “no sé que decir”… Y como yo tampoco sabía que decir, y evidentemente iba a decir una chorrada mayor, recité el “Con 10 cañones por banda…”, con lo que, evidentemente, me dio un ataque de risa. Así que más que mi voz, escucharon mi risa.

Así que cuando terminaron conmigo, cosa que ahora suena muy dramático, pero que ayer me alivió bastante, el profesor dijo, “pues chica, que te dure mucho…”.

Y aquí llega mi problema sustancial (o insustancial). Nunca pensé que eso fuera algo que se podía “acabar”. Soy consciente de que la gente cambia, y que en parte es una decisión que tomas y una postura ante la vida, y lo soy, en parte, porque yo tomé esa decisión. Hasta los 15 ó 16 años soy consciente de haber sido una especie de monstruo (aunque ahora quién lo diría… jajaja). Quizás era un monstruo “con justificación” de ser un monstruo, pero la cruda realidad es que lo era. Y si no que se lo pregunten a las amigas de mi hermana, que diez años después, alguna todavía me tiene miedo.

Una vez tomada la decisión, y mantenida durante más de 15 años, llega alguien y me hace dudar de la durabilidad de mi mayor “fortaleza”, por seguir con los DAFOs que hicimos ayer en clase.

Y mi pregunta es, ¿Qué tendría que pasar para que esta actitud decidiera abandonarme y ocupar otro cuerpo “más interesante”?. Me refiero a que conscientemente no voy a dejar que me abandone, y me aferraré a mi espíritu optimista e “insustancial” todo lo que pueda. Aunque no voy a cerrar los ojos a la realidad de que pueda perder mi personalidad a la vuelta de la esquina… ¿Cómo se puede conservar algo insustancial, como es la propia personalidad?, ¿Es como una planta a la que hay que regar, y hablar con cariño y devoción?, ¿Es algo que hay que “alimentar” cada día?

Si ni siquiera sé cómo ni cuándo llegó hasta mí, ni de dónde viene, ni de qué está hecho… Como en el famoso anuncio de compresas, ¿a qué huele la risa?

2 comentarios:

  1. Hola te felicito por el post, me atrapó, y me hizo recordar a cierta estudiante...
    Con los años una entiende que si es autentica una no cambia. Crecemos y maduramos pero no por eso nos volvemos unos cucos agrios por allí, un abrazo.

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