Ayer un virus, bueno, más bien unos cuantos viruses, entraron en este ordenador como si de su casa se tratase. Ahora viven aquí, conmigo, a sus anchas. Como si mi pequeño "ciberespacio" estuviera abierto a cualquira.
Cierto es que está abierto a cualquiera. A cualquiera que navegue, y en su navegar se encuentre en mi casa. Pero no es cierto que esté abierto a los que quieren perturbar de mala manera mi paz mental. Y mucho menos la espiritual, que bastante "tocada" anda ya. Menos mal que no son virus muy dañinos. Más bien son "tocapelotas".
Pero qué necesidad tengo yo de pasarme horas y horas delante del ordenador intentando matar a estos cabrones, a estos minúsculos bichitos que no hacen más que abrir ventanitas con mensajes no muy navideños... Y si creen que voy a pagar el antivirus que estos mensajitos dicen que acabará con ellos, están apañados.
Para eso está mi cuñado... Cual súper héroe, con capa roja incluida, tendrá que venir y cargárselos a todos. Nade de "los quiero vivos". Yo no, yo quiero los cadáveres. Directamente. Aquí no hay piedad que valga.
Si consigo acabar con ellos, o ellos con mi paciencia, mañana lo sabréis.
Yo también los quisiera, así muertitos, acabados, de hecho mi computadora también tiene amenazas de virus pero no he pasado al momento en que a uno le aparecen mensajes como dices nada navideños en el monitor.
ResponderEliminarMucha suerte con la caza-virus de este día y ya mañana nos cuentas.
Saludos desde México.