miércoles, 5 de noviembre de 2008

Plan prever Tupperware

Antes de ayer me pasó algo curioso. Con las prisas, al salir del curro se me olvidaron los tuppers en mi mesa. Ayer,a consecuencia de lo anterior, me tuve que llevar unos cuatro tuppers a casa.

Por la noche, cuando los estaba fregando, llegó mi hermana a casa y aportó otros dos tuppers a mi montaña de cacharros para fregar. Según los iba poniendo a escurrir empecé a emparanoyarme.

Todos los tuppers son iguales. Por supuesto son de la marca tupperware, no faltaría más. Blanquecinos trasparentosos los recipientes, y verde chillón las tapas. Todos tienen el mismo tamaño aunque diferente profundidad.

Así que allí me encontraba yo. De pie, frente a la pila de la cocina, mirando todos esos tuppers escurriendo unos encima de otros. Y me fijé en una cosa… Las seis tapas eran iguales, incluso conservaban el mismo color a pesar de que algunos tenían unos días y otros varios años. No pasaba lo mismo con los recipientes. Algunos blancos, otros amarillos, y otros en un lugar intermedio.

Entonces me hice una pregunta. Cuando yo los compré, cada recipiente tenía su pareja, con la que había vivido una larga experiencia. Estaban juntos desde su fabricación, su transporte, su estancia en la estantería del Carrefour de varios meses… hasta que llegué yo.

Y yo los separé. Los separé cruelmente, y los mezclé con otras cinco parejas de tuppers sin el menor reparo. Es posible que para algunos de ellos el cambio haya sido a mejor. Imagina una tupper que tiene dos años y de repente la tapa es unida a un recipiente que apenas ha cumplido unos meses. Un plan prever perfecto. Al estilo de “Cambio una de cincuenta por dos de veinte”… Pero qué sintió la pobre tapa de apenas unos meses a la que le encasqueté un recipiente de dos años. Esa tapa seguro que no está tan satisfecha con el cambio.

Después de pregunté otra cosa. ¿Las tapas y recipientes serán conscientes cuando, de una menera totalmente dependiente del azar, vuelven a encontrase con su pareja original? O por el contrario, tras tres o cuatro cambios, olvidan en el fondo de su ser a quien les acompañó en el azaroso camino hasta la llegada a mi cocina.

Aunque podáis pensar que me encontraba bajo los efectos de alguna sustancia psicotrópica cuando mi mente comenzó a divagar sobre la dura historia de los tuppers separados de su pareja ideal, no lo estaba. Es más, si fuera publicista de Tupperware, ahora mismo estaría trasladando esta idea a la que sería la campaña publicitaria más exitosa de su historia.

Ahora esperemos a ver en la televisión tuppers tristes y llorosos deambulando por las calles de Manhattan en busca de su media naranja…

1 comentario:

  1. ¿Alguien dudaba de que eras la mejor?

    Insuperable como siempre.

    T.

    ResponderEliminar