En plena crisis existencial otra vez. Si me dieran un euro por cada crisis existencial que he tenido, creo que a estas alturas ya sería rica. Me puedo proclamar como experta. Soy doctora en crisis existenciales. Y yo me pregunto, ¿esto le pasará a todo el mundo? Sinceramente creo que no.
Imagina un lugar con un montón de gente todos en la misma situación. Sería un caos total. No creo que sea así. Hay tanta gente tan segura de lo que quiere. Por una parte les envidio a todos, pero por otro, qué aburrido, ¿no?
Menos mal que todavía soy pequeña. Todavía puedo cambiar de rumbo unas cuantas veces. Me siento como cuando estaba en BUP. En apenas dos años decidí que quería ser unas veinte cosas diferentes. Primero me matriculé en ciencias puras. Quise estudiar ciencias del mar, astrofísica, astrología, matemáticas… Luego, en segundo de BUP, me pasé a ciencias mixtas, y quise estudiar desde literatura hasta psicología. Y ya no recuerdo si volví a cambiar en COU a letras mixtas.
Creo que esto lo dice todo sobre mí. No hay mucho más que decir. En menos de diez meses he sido maquetadora, fotógrafa, cocinera, camarera, periodista y ahora marketiniana. Y no me extrañaría nada hacer unas cuantas cosas más antes de celebrar el fin del 2008. Estoy deseando que llegue el 2009. Siempre me han gustado más los números impares. Aunque el 2007 no fue un buen año, por lo menos para mi. Y este todavía no estoy en condiciones de juzgar. Creo que ha sido bueno…
He hecho bastantes cosas que no había hecho antes. Incluso cosas que nunca antes me habría planteado. Sólo este fin de semana he hecho unas cuantas.
Este domingo, por ejemplo, fui a ver una obra de teatro alemana, en alemán. La verdad es que fue una experiencia. Tengo que decir que fui objeto de una trampa sin piedad. F, que se había quedado compuesto y sin novio, y con dos entradas para una obra de teatro, tengo que decirlo otra vez, en alemán, me invitó al teatro. Cuando estábamos ya casi sentados en el María Guerrero me confesó que la obra era subtitulada. Se lo había “callado” por si le decía que no. Y eso nunca. Y es curioso la idea “malsonante” que tenemos del idioma germano. Personalmente me encantó, y creo que en español hubiera perdido mucha de su gracia. Tiene muchísima fuerza, y personalidad, y en muchos casos es una lengua suave, aterciopelada, sexy…
Y el viernes, poseída por el deseo y la necesidad de contribuir con la sociedad, respondí a la llamada de necesidad de donantes de sangre. Nunca antes había donado sangre y fue otra experiencia. Aparte, claro está, de seguir tendiendo cinco días después el brazo de un color azulado verdoso. El médico, o mejor dicho, el “súper” médico, me dijo que si me mareaba no mirara la aguja (la súper aguja). Estuve a punto de decirle que tenía suficiente con mirarle a él. Empiezo a pensar que este médico es un reclamo publicitario para atraer a donantes de sangre femeninas. Así que si alguien quiere conocer a semejante portento médico, que se acerque al autobús de la Comunidad de Madrid que está permanentemente en Sol. Aunque quizás no os encontréis con él a la primera. Digo yo que en algún momento tendrá que descansar la criaturita…
Pues eso, me siento pequeña, pequeña, cual guisante. Y ahora hasta empiezo a ser verdosa. En poco tiempo seré una bola redonda y verde… Y como los m&m’s me derretiré en tu boca.
Encantado de volver a leerte. Y encantado de que hayas desechado esa terrible idea de que habías crecido. NO!!!! Mantente pequeña ;-)
ResponderEliminarPor cierto, tengo ganas de leer algo de Juan José Millás, y con tu comentario del libro creo que has terminado de decidirme. Voy a ver qué consigo.
T.
¿Te has enamorado o algo? ¿Que te vas a deshacer en la boca de quién? Madre de Thor...me tienes en ascuazas.
ResponderEliminarUn besssso.