jueves, 18 de junio de 2009

A falta de un buen psicoanalista...

Muchas veces me pregunto por qué escribo en un blog. Y por qué a la gente le importa lo que yo pueda decir sobre cualquier cosa. Y por qué leen las cosas que escribo. Aunque de igual manera yo leo muchas cosas de gente que no conozco y posiblemente no conoceré nunca.

Y qué es lo que nos empuja irremediablemente a escribir a un "nadie" enorme que se encuentra al otro lado de la red. O a un enorme montón de pequeños "nadies" que nos leerán y opinarán sobre nuestra vida, nuestros pensamientos, nuestros miedos... Por que así es cómo yo lo siento, una irremediable e irrefrenable necesidad de escribir a esos entes sin nombre y sin rostro que navegan a través de esta invisible red que todavía no he llegado a comprender.

¿Qué tenemos en común todas las personas que escribimos a la "red", y para la "red"? Quizás a todos nosotros no nos quisieron suficiente cuando eramos niños y sentimos esa falta de cariño que sólo podemos llenar gracias a los comentarios de esos extraños navegantes que nos demuestran que, por lo menos, se han tomado parte de su valioso tiempo en "nosotros". Y eso es algo que los bloggeros no sabemos valorar suficiente. Para mí no hay nada más valioso, ni que se contraiga de las maneras más inexplicables, que el tiempo. Y que haya personas que quieran gastar su tiempo en mi blog, sinceramente, me llega a lo más profundo del corazón.

Aunque también hay otras opciones mucho menos "románticas" e indefendibles, como que tenemos un ego tan grande que no somos capaces de contener en nuestro propio "yo", y necesitamos que se expanda por el hiperespacio.

Es extraña esa sensación que me produce el escribir. Y esa sensación cuándo un otro "no conocido" escribe algo por primera vez en el blog. O se proclama como tu seguidor y tu amigo.

O cuando escribes un comentario en el blog y no hay ninguna respuesta. Simplemente el silencio, el blanco de la pantalla que amenaza a tu dolido corazoncito... Es tan decepcionante... Miles de millones de personas que podrían haber llegado a mi humilde morada, y ni uno sólo de ellos ha encontrado interesante eso que tanto me ha costado escribir. Un buen rato esturgándome el cerebro para nada, para que tus palabras se caigan por un pozo, como cuando Alicia se caía, y se caía y nunca llegaba al fondo.

Aún así, las alegrías son mucho mayores que las penas. Y a falta de un buen sueldo que me permita acudir a un buen psicoanalista, esto es lo que me queda. Toda la sabiduría de los bloggeros en la yema de mis dedos...

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