lunes, 29 de junio de 2009

Ya es oficial. Soy una viciada del spinning.

Ya es oficial. Soy una viciada del spinning. Algo que nunca pensé que podría pasar, sobre todo porque ya lo intenté hace años y a duras penas terminé la clase con un mínimo de dignidad. Por supuesto que jamás volví a pisar un bicicleta de spinning.

Y ahora no sólo piso la clase de spinning, si no que además me he comprado el equipamiento completo para practicar dicho deporte con la máxima seguridad. Equipamiento que casi cuesta más que un fin de semana en la playa. Aunque tengo que decir que el tiempo que paso subida en la bicicleta me reporta mayores placeres que cualquier playa de los alrededores… Aunque miento, todavía me quedan algunos gadgets adicionales… Cuando pase de “viciada” a “loca” por el spinning, habré pasado a un nivel superior y estaré preparada para tener mi propio contador de pulsaciones…

Marina, mi primera “amiga” del spinning, me dijo hace un par de días, “ya verás, te vas a enganchar y no podrás dejarlo nunca”. A lo que yo pensé, “está loca…”. Pero tenía toda la razón. También tenía toda la razón al decir que a lo que te enganchas es al subidón de adrenalina, sumado a una de las más efectivas formas de desconectar de este mundo cruel. Por un rato eres tú contra ti mismo, contra tus límites, y todo lo demás no importa.

Aún así, hay momentos en que quieres morirte… O por lo menos abandonar la clase con el rabo entre las piernas. Como ayer, que llegué a clase más feliz que una niña con zapatos nuevos (no en vano iba a estrenar mis nuevas zapatillas de spinning), cuando el profesor nos dijo “bienvenidos a la calase de spinning extreme, sólo 90 minutos pedaleando”. Yo a los 30 minutos estaba a punto de soltar el hígado por la boca, pero al final acabé la clase como una campeona…

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