lunes, 8 de junio de 2009

Será extraño cuando vuelva a poner los pies en Heathrow...

Ayer, al igual que otro 54% de españoles, no fui a votar. Aunque en mi caso no fue porque no quisiera, fue más bien por un error administrativo, o por la vagancia que me poseyó hace exactamente un año...

Hace aproximadamente un año, durante mi "retiro espiritual" en Londres (y digo retiro espiritual porque cada cual que me acompañaba tenía un expediente mayor de trastornos psiquicos que el anterior) me registré como residente británica. Y como residente británica que sigo siendo, pues no puedo votar. Es lo que hay...

Si hubiera sido un poco más responsable, hubiese hecho como todo ciudadano medianamente inteligente. Que es haber ido a la embajada a solicitar la baja consular. Pero durante mi última semana en la capital de UK, lo último que quería era perder una mañana visitando ese barrio tan "chic" donde se encuentra el consulado. "Chic" porque según sales de ese edificio de ladrillo marrón con la bandera española ondeando al viento (muy común en Londres), te encuentras entre "Tiffany's" y otras tantas tiendas en las que el artículo más barato es la mitad de mi sueldo... Y todos los coches que me "casi atropellaban" en los pasos de cebra eran porches descapotables, como mínimo...

Pues eso, la veguería (o vangancia) pudo conmigo. Y me dediqué a visitar museos, el london eye, el big-ben... como una turista poseída por un ataque maligno que me llevaba a visitar en cuatro días todo aquello que no había visto en seis meses... Seis meses currando y viviendo la ciudad como una más, y cuatro días para terminar inyectándome la última gota de esencia londinense en las venas.

Y volví, y no me preocupé de si era residente de Leytonstone o de Las Rozas de Marid... Ni me preocupé, ni me importó lo más mínimo. Hasta ahora... Aunque tampoco os creáis que ando llorando por las esquinas por no haber podido votar. Me importa por que creo importante que ejerzamos nuestro derecho a votar, ya que es el único derecho que vamos a poder ejercer...

Y ahora, después de un año de vuelta en "casa", echo de menos la brumilla gris que cubre Londres. Y cruzarme con gente que habla sola, y poder salir a la calle en pijama sin que nadie se vuelva siquiera a mirar las "pintillas" que llevas... Será extraño cuando vuelva a poner los pies en Heathrow...

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