Fui con unos amigos al cine, por cierto que fuimos a ver "Milenium", film que recomiendo fervientemente, y luego nos acercamos a las fiestas de San Antonio. Salíamos de los cines de Príncipe Pío y como estábamos a cinco minutos, y el olor a fritanga cancerígena, característica de todas las fiestas en el mundo mundial, nos llamaba a gritos, decidimos hacer caso a nuestro olfato hambriento.
Con las primeras gotas de la noche, y de camino a por otros amigos que viven en la zona, nos pusimos en marcha. A todo esto que se nos cruza un viejo borracho (lo de viejo lo deduje cual Sherlock Holmes por su pelo blanco, y lo de borracho porque hacía más eses que los coches de choque) que de repente quería matarme. Sinceramente no creo haber conocido jamás a semejante individuo, para que me odiase de esa manera...
La verdad es que tardé un par de minutos en darme cuenta de que la susodicha joyita de persona me estaba hablando a mí. Aunque eso de hablar es un decir. Más bien graznaba "voy a matarte", etc, etc. Nunca nadie me había dicho que quería matarme, así que fue una experiencia más que anotar en la libreta de "nuevas experiencias".
Nosotros seguimos por nuestro camino y el por el suyo, gracias a Dios. Cosa que alegró mucho a mis acompañartes por aquello de no tener que abrirle la cabaeza a un anciano de pelo blanco... Pero allí no terminó mi noche mágica.
Sobre las dos y media nos fuimos. Nos dirigíamos hacia Gonzalez Ladreda, donde dejé a mi Miss_vodka_tonic, y me introduje a 70 km/h, como buena conductora que soy, por la m-30. Normalmente me pone de muy mala leche ir por la m-30. Eso de tener que ir a 69 km/h, ni medio más, ni medio menos, suele sacarme de mis casillas.
Pero ayer no. Iba tan tranquila hasta que un todo terreno, de esos super enormes con los cristales tintados , se puso a mi lado. Yo iba a mi bola, con el piloto automático, y me extraño que semejante coche fuese tan lento, a mi lado, a las tres de la mañana. Así que me giré y casi me da un ataque de risa cuando vi a un tío con medio cuerpo fuera de la ventanilla llamándome.
Y yo no podía parar de reírme. Me decía a mi misma, "ponte seria, ponte sería, que semejantes zumbados son capaces de seguirte a tu casa y hacerte lonchitas como esas que anuncian en la tele "finas, finísimas"... Pero no lo podía evitar. Intentaba no mirarles, pero no podía. Y cada vez que lo hacía, me reía más y más...
Así que llegué a mi desvío, y rezando para que no me siguieran, eso hicieron. No seguirme... Y los tíos no dejaron de tocar el claxon y sacarme la lengua. Lo que hizo que me riése aún más.
Sinceramente, cada vez estoy más convencida de mi locura creciente e inagotable. No sé cómo debería reaccionar una mujer sola en un coche con unos zumbados en un tanque después de que la siguieran durante unos 15 minutos, pero sí se que yo... no podía parar de reír...
PS: y que conste que no bebí nada, nada, nada...
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